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Publicado el 10 - 7 - 2005 en Levante - EMV
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El pulso

Maota Soldevilla

Profesora de la Escuela de Artes y Oficios

Pulso: 1. (Del lat. pulsus. ) m. Latido intermitente de las arterias, que se percibe en varias partes del cuerpo y especialmente en la muñeca.

Hay un pulso en el Cabanyal, un pulso que Rita Barberá no entiende. Desde el gobierno municipal, la lucha de los vecinos contra la destrucción del barrio se interpreta como el hobby de unos progres desocupados, el instrumento de la oposición para entorpecer la política local, el pulso gratuito que los radicales antisistema se permiten plantear al poder, amparados en las facilidades del sistema democrático.

El análisis que hace el gobierno municipal es erróneo, y es por eso que les va mal. Hay un conflicto en el Cabanyal, sí, un pulso que desde hace años los ciudadanos le han planteado al poder. Pero la fuerza del brazo ciudadano que lo mantiene se hubiera debilitado hace tiempo si por las arterias del Cabanyal no fluyera un latido intermitente y constante, alimentado de convicciones, de respeto y preocupación sincera por nuestro patrimonio histórico, de solidaridad vecinal y de un sentido correcto de lo que es hacer política: la idea clara de que somos todos los que debemos construir y proteger la ciudad y el territorio. Ese es el pulso que no entienden, y no lo entienden porque ideológicamente lo rechazan.

Por eso, frente al empeño de Barberá y Grau por firmar el acta de defunción del barrio, el Cabanyal mantiene unas pulsaciones vitales constantes que los sacan de quicio. Los sacan de quicio porque no logran torcerle el brazo.

Nos decía un amigo el otro día que si en ocho años, un gobierno con mayoría absoluta, medios económicos, sesudos asesores y un canal de televisión para él solo, no ha sido capaz de iniciar un proyecto de los denominados “insignia”, como lo es la prolongación de Blasco Ibáñez sobre el Cabanyal, ese gobierno debería dimitir por incompetente. Para mí que no le faltaba razón, aunque la verdad es que llevar adelante un proyecto ilegal, por emblemático que sea, tampoco es fácil si los ciudadanos están atentos.

Sabido es, además, que en nuestras tierras la incompetencia no es causa que justifique la discriminación para cargos que comprendan la gestión de los intereses públicos. Si tenemos esto en cuenta, resulta menos sorprendente que el llamado concejal de grandes proyectos de Valencia, jaleado por la alcaldesa, haya querido derribar casas protegidas a pesar de la prohibición judicial, haya acusado de actuar con violencia a los vecinos que lo impidieron pacíficamente y, en un patético alarde de amor a lo que él entiende por Estado de Derecho, los haya llevado directamente ante los tribunales. Se trata del mismo concejal que, jaleado por la misma alcaldesa, insistió hasta resultar sospechoso en que la sentencia del Tribunal Superior de Justicia sobre el Cabanyal (sentencia que provocó una división sin precedentes en el Tribunal) era firme. Y resultó que no lo era, y que no podía derribar los edificios protegidos. Como afirmaban los vecinos.

De todas formas, el pulso que mantienen los vecinos del Cabanyal no es un pulso en solitario. Por todo el territorio de la Comunidad Valenciana se extiende desde hace años una actitud ciudadana rebelde que se enfrenta a los desmanes urbanísticos, al maltrato al paisaje, a las ciudades, a la costa, al patrimonio común.

En una sociedad donde se estrechan las buenas relaciones entre municipios, inmobiliarias y constructoras, donde el cuidado por el interés general no es el criterio principal si hay ladrillos de por medio, es esencial que los ciudadanos adviertan que su participación resulta necesaria, al menos, en aquellas actuaciones que tienen carácter irreversible.

Es esencial, además, que los ciudadanos y las organizaciones entiendan que será el pulso ciudadano, es decir, la suma de muchas participaciones, la suma de acciones de los distintos movimientos sociales, y la conciencia de que lo importante es el resultado de lo que suman, el que frenará los desmanes en curso, unos desmanes que en nuestra Comunidad ya tienen el carácter de estructurales.

Si hace unas semanas, coincidiendo con la noticia de que no caben derribos en el Cabanyal, la alcaldesa y el concejal de grandes proyectos se hubieran tomado el pulso, los resultados hubieran alarmado a sus médicos personales. Ellos han advertido, hace tiempo, que su salud no está preparada para que los ciudadanos les lleven la contraria, resistan, y encima tengan razón. Pero lo que realmente les pasa, es que no entienden nada.

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