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Publicado el 24 - 6 - 2007 en Levante - EMV
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Conocimiento del medio y alteración de la conducta

Fernando Flores Giménez

Profesor de Derecho Constitucional

Conócete a ti mismo
Inscripción, puesta por los siete sabios en el frontispicio del templo de Delfos

Coincidiendo con la reciente campaña electoral, una hoja informativa del Ayuntamiento y la Generalitat llegó a los buzones de los vecinos del Cabanyal-Canyamelar. En ella se ofrecían ayudas económicas para rehabilitar las casas del barrio “con nuestra ayuda y asesoramiento” porque, así lo aseguraba el folleto, “estamos a tu lado para informarte”. Las fotos en color que decoraban superficie e interior del folio doblado mostraban construcciones típicas de los poblados marítimos. De entre ellas, destacaba el edificio de una sola altura, de puerta principal más que desahogada, fachada recubierta de azulejos verdes y tres balcones amplios bordeados con molduras modernistas. Sin duda la casa destacaba por su hermosa factura –fue una antigua escuela–, y por la merecida rehabilitación, pero, sobre todo, llamaba la atención porque se trataba de una de las que Ayuntamiento y Generalitat proyectan derribar según el sedicente plan de rehabilitación del barrio.

Deberíamos ocuparnos un poco más en conocer lo que gestionamos, lo que pretendemos gestionar, aquello que nos pertenece como colectivo y ponemos en manos de nuestros gestores. Deberíamos exigir a nuestros gobernantes y a los que aspiran a serlo que conozcan el medio que administran; y para eso, deberíamos conocerlo (quizás hasta quererlo) nosotros mismos, aunque sea un poco.

¿No tienen ustedes en muchas ocasiones la terrible sensación de que nuestros gobiernos renunciarían a adoptar algunas decisiones –digamos quizás inconvenientes– si supieran realmente a qué y a quiénes afectan? ¿Nunca han pensado en que si la oposición política, los medios de comunicación, los ciudadanos prójimos, tuvieran una cierta idea de los daños directos y colaterales que se provocan sobre ciertos bienes comunes reaccionarían con más contundencia y los evitarían? Probablemente han pensado más en lo segundo que en lo primero y ello porque, a decir verdad, uno sospecha que los que gestionan sí saben lo que les interesa saber del terreno que pisan (o pisotean, según los casos) y que, en definitiva, lo que falla –más allá del propio sistema– son los mecanismos de control que han de evitar las decisiones interesadas y los abusos de poder. Conviene insistir en que esos mecanismos no son los procedimientos previstos por el Derecho, esos mecanismos somos nosotros.

La alcaldesa de Valencia presentó el martes al equipo de gobierno municipal, y anunció que designará a un concejal responsable de cada distrito para conocer sus problemas. En el mismo acto protocolario tuvo su momento el área de Contaminación Acústica y la concejalía de Calidad Medioambiental y Cambio Climático; también se habló de la llamada (aunque no por eso conocida por sus destinatarios) delegación de Participación Ciudadana. No cabe duda de que, a primera vista y en teoría, resulta de lo más atractiva la reestructuración municipal, y es por eso que se publicita. Ahora bien, no es menos cierto que, a segunda vista, el sentido común y la experiencia se empeñan en aguarnos la ilusión. Esto es así porque, salvando la idea de crear un departamento de cambio climático aplicado a los límites locales (lo que resulta una idea genial y de lo más moderna), sabemos de la inutilidad que para los ciudadanos representa el área de participación ciudadana, intuimos que el área de contaminación acústica ha nacido para medir los aullidos de los bólidos de la fórmula uno, y en fin, tememos que los concejales conozcan algunos de los problemas barriales de la Valencia B, pues lo mismo deciden aplicarles la concejalía de grandes obras…

Después de este apunte y conocidos los resultados electorales, no es noticia que tanto en el ámbito local como en el autonómico, nos esperan cuatro años más de lo mismo.

A partir de esta reflexión, insisto. Somos nosotros. Somos nosotros los responsables de crear, profundizar, extender, coordinar, sumar (lo que se quiera, cada cual en y desde su espacio) propuestas y respuestas para la cosa pública. Para hacerlo, tenemos la obligación de conocer el medio, y para conocer el medio no queda otra alternativa que salir del “ensimismamiento” (“recogimiento en la intimidad de uno mismo, desentendido del mundo exterior”, según el Diccionario de la Real Academia) en el que, más o menos cómodamente, estamos ubicados.

El contraste con el ensimismamiento es la “alteración”, como “estado de inquieta atención a lo exterior”. Pues eso, alterémonos. Y preguntémonos. Preguntemos a los partidos: ¿es posible que los partidos políticos de la oposición dediquen una mayor atención a lo que sucede más allá de las paredes de sus sedes?, ¿sería conveniente que su presencia y trabajo en los barrios comenzara ya?, ¿no equivaldría a un gesto de respeto a los ciudadanos votantes –que quizás agradecerían– una política interna de transparencia organizativa y de funcionamiento; en pocas palabras, que pudiéramos entenderles y no dejar de respetarlos? Preguntemos a los medios: ¿podemos recuperar al menos parte del espacio que el periodismo y la libertad de información ha perdido a favor del mercado y la libertad de empresa, una pérdida que estamos pagando con la degradación del territorio y de las personas? Y preguntémonos: ¿conocemos los ciudadanos, las organizaciones sociales, lo que sucede y preocupa a quienes no somos nosotros?, ¿alcanza nuestro horizonte vital más allá de nuestra casa, nuestro barrio, nuestro pueblo o ciudad?

Quizás haya llegado el momento de alterarse.

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