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Publicado el 8 - 7 - 2007 en Levante - EMV
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Haces historia cuando haces negocios

Adolfo Herrero

Arquitecto

“You make history when you do business” (Barbara Kruger, artista conceptual norteamericana. Corresponde al título de uno de sus “collages” fotográficos, rotulado con grandes caracteres en uno de los pabellones de la Bienal de Venecia 2005).

Elecciones y Bienales de 2007 han traído a mi memoria el enunciado anterior por una extraña vinculación del inconsciente entre ambas.

Quizás recuerden una fotografía donde aparecían en un alto de la Serra del Mascarat y mirando hacia la Olla de Altea, el entonces President Zaplana, el cantante Julio Iglesias y el constructor Andrés Ballester. No recuerdo si había más personajes. Acreditaba una noticia de julio de 1999, al inicio de una nueva legislatura, objeto de un titular de prensa que no retengo. La vestimenta del trío no era precisamente la de una colla del Centre Excursionista de València, sino la de unos jefes de planta de grandes almacenes, circunstancia que en aquel lugar no auguraba nada bueno. El objetivo de esta reunión en la “cumbre” era examinar los terrenos que serían objeto de una fuerte inversión urbanística por parte del cantante, “deseoso de contribuir al desarrollo económico de la Comunitat Valenciana”. Asimismo se mostraba agradecido con quien tan bien se había portado con él, contratándole como embajador mundial, de la Comunitat de las palmeritas de colorines. Perdónenme pero aquella imagen me evocó una de aquellas conocidas tentaciones de Cristo, retirado al desierto para orar, donde el diablo, transportándole en volandas sobre la cima de un monte, le susurraba cálidamente al oído: “todo esto que ves te daré si, postrándote ante mí, me adoras”. ¿Adivinan quién hace de diablo, no?

Hoy sus herederos, el President Camps y su Consell, lejos de desmarcarse de aquella actitud tan vergonzante y embarazosa denunciada por la oposición, consolidan triunfantes la deriva depredadora sobre el territorio, reiniciada sutilmente por su antecesor tras el breve paréntesis de quince años abierto con el restablecimiento de la democracia. La carrera no comenzaba ahí. Indicios de alarma existían desde el año 96; el caso Jesuitas, peligrosamente parecido a la operación del traslado de la antigua Feria de Muestras y el derribo del Palacio de Ripalda, bien pudo ser el pistoletazo de salida. Sin embargo, el descaro y el cinismo con que se plantean con total impunidad “oportunidades de negocio” vinculadas a desarrollos inmobiliarios por todo el territorio valenciano se estrenan en aquel momento. Aquello no fue sino una premonición de lo que se nos venía encima a los valencianos.

En el año 2000 otra foto del cantante en la Villa Gadea, esta vez, sin el President pero con Andrés Ballester, José Lladró y el alcalde de Altea Miguel Ortiz, confirmaba el inicio de la actuación inmobiliaria. Seis años y 16 millones de euros después, la “Urbanización Villa Gadea”, con hotel de lujo incluido, ha finalizado. Hace pocos días, podíamos leer que el cantante, consumada la operación, ha hecho caja y se retira, vendiendo su activo inmobiliario en Altea y también en Parcent al Grupo Ballester. Esta actuación sumada a otras dos intervenciones urbanizadoras más, Campomanes y Altea Hills, han destruido para siempre un espléndido paisaje de nuestro territorio, único por sus condiciones de enclave y belleza.

Después, llegarían Porxinos, el “Manhattan” de Cullera, Nou Mil·lenni en Catarroja y, por supuesto, Marina d\'Or que se desmelena entre Orpesa y Cabanes para ofrecernos 18,8 millones de metros cuadrados más de “ciudad de vacaciones”; otra ración de terres mítiques, repletas de acuarios, esfinges, budas y, como no, barraques de l\'horta, además de los socorridos campos de golf. Serà per diners?

En el camino hemos podido leer en la prensa escrita y a toda plana que los valencianos “somos los dueños del paisaje”, un sarcasmo más de nuestra Generalitat Valenciana.

Tiempo atrás, en el Palau de les Corts, gobierno y oposición se enzarzaban en una discusión estúpida acerca de si el modelo valenciano a seguir debía ser Florida o California. ¿Acaso ignoraban los señores diputados que los promotores inmobiliarios ya han decidido por ellos? Es Las Vegas, señorías, es Las Vegas, ¿acaso no ven CSI?

Lo más doloroso de esta situación, siendo gravísima, no es el estado del territorio irreversiblemente sometido a degradación constante; es la herencia recibida: la actitud amoral y cínica que ha calado en la sociedad valenciana que consiente y tolera un grado de corrupción con límites por ahora desconocidos. Sociedad que espera enriquecerse si no lo ha hecho ya en estos años porque esa es la norma imperante vista con simpatía por el entorno social que le rodea; la que ha visto incrementado su patrimonio gracias a la contabilidad creativa de la especulación. La de las corruptelas del promotor inmobiliario, asociado o en complicidad o no con el funcionario de turno, que no ha encontrado demasiadas dificultades para llevar adelante sus iniciativas, ya sea la descatalogación de un edificio protegido para mutilarlo, la construcción de un campo de fútbol en suelo público o el incremento de la edificabilidad de sus solares; la del agricultor que espera el milagroso PAI que le sacará de la miseria en que le ha sumido su propio gobierno al hundir la agricultura; la del que rechaza la inmigración pero saca beneficio de ella explotando a los ilegales con salarios de miseria; la del que espera vender su piso por el doble de lo que le costó el día o la semana anterior; la del que espera forrarse por alquilar un piso o un simple balcón por la visita del Papa o por una carrera de coches; la del que, si aun no posee un coche de lujo espera poseerlo…

¿Para qué cambiar si con éstos nos va bien? Los otros nos llevarán al paro con tanta moratoria y ecologismo, además de subirnos los impuestos; estas y pocas cosas más explicarían los resultados electorales. Mientras tanto, la impresentable oposición, en el limbo, peleándose por el puesto de salida o coqueteando con el trasvase del Ebro y regalando bolígrafos.

Costará años el rearme ético de esta sociedad. Hay que comenzar de nuevo desde la escuela y eso lleva mucho tiempo.

Pero seamos pesimistas, pidamos lo imposible. Después de todo, sin Mayo del 68 Sarkozy no sería hoy presidente de Francia.

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