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Publicat el 19 - 5 - 2002 a Diari Levante - EMV
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La paradoja residencial valenciana

José María Nácher

Professor del Departament d'Economia Aplicada. Universitat de València

“Ahora, toda nuestra existencia está siendo mercantilizada: la comida, los bienes que producimos, los servicios que intercambiamos y la experiencia cultural que compartimos.(...) Empresas de todo el mundo se han embarcado ya en el negocio de envasar experiencias culturales. La expresión más visible y poderosa de esta nueva economía cultural es el turismo global(...) el turismo no es más que la mercantilización de la experiencia global (....) Igualmente prioritario para la industria turística es el desarrollo sostenible. La protección de la naturaleza, la conservación de los ecosistemas, la creación de reservas y parques naturales se considera tan importante como la construcción de infraestructuras. La importancia que se concede al acceso a experiencias de vida es indisociable del interés por preservar el patrimonio cultural y natural de las comunidades y países” Jeremy Rifkin “La era del acceso” Paidos,2000.

Si los Estados Unidos fueran la vara de medirlo todo, bueno y malo, observaríamos que allí una población que mueve fácilmente su residencia de lugar se corresponde con unos niveles menores de seguridad, salud y control democrático del territorio. Tal y como se están poniendo las cosas en Europa, España y la Comunidad Valenciana el futuro nos depara a los valencianos un escenario en el que, a lo mejor, hay más fuentes de ingresos pero, a lo peor, también una población asentada en compartimentos residenciales estancos: club, dormitorio y ghetto.

El hermoso objetivo del desarrollo sostenible para la Comunidad Valenciana (CV) que se esgrime desde los gobiernos exige antes que nada conciencia colectiva. La condición necesaria para el desarrollo sostenible reside en que la ciudadanía pueda tener cierto control sobre lo que sucede en su territorio. Aunque el control compete a los gobiernos elegidos por los ciudadanos, su eficacia requiere de la ciudadanía un interés estable por su lugar de residencia. Deberíamos prever un efecto perverso de la creciente movilidad geográfica de la población mundial: fijar el interés en un territorio para participar en su control y así tratar de asegurar su valor a lo largo del tiempo es una posibilidad que se hace más remota. Los rasgos de la geografía política de esa creciente movilidad en la Comunidad Valenciana señalan demasiadas desigualdades y desafecciones y una triste paradoja.

Los costes de acceder a la CV desde el norte de Europa o el interior de España se están reduciendo, así que aumenta el atractivo de la CV para localizar primeras o segundas residencias de ciudadanos inicialmente foráneos. La Unión Europea simplifica o elimina trámites administrativos y monetarios y la mejora en el sistema de transporte (incluidas nuevas comunicaciones) en Europa y España disminuyen el tiempo y a veces el precio pagado para viajar hasta esas viviendas. Estamos sin lugar a dudas ante una oportunidad de mercado para la economía valenciana que, por otro lado, nos recuerda lo muy bien que debemos vivir aquí muchos de nosotros. Podemos producir más residencias para vender a la emigración acomodada norte-sur en Europa e interior- litoral en España que elige primera vivienda (población retirada, censada, contribuyente y elegible para cargo público) y, por otra, para los turistas (españoles y europeos).

Como reflejo de esa oportunidad ya avistada, un informe de este periódico recogía hace poco (10-3-2002) las dispersas y, desde luego, des-coordinadas iniciativas municipales de recalificación de suelo para no perderse las supuestas regalías (renta, empleo, votos) que habría de generar el interés foráneo por residir en la CV temporal o definitivamente. Millones de metros cuadrados. Pero a fecha de hoy la mayoría de primeras y segundas viviendas sitas en territorio valenciano son nuestras. Todavía.

Porque también sabemos que la familia española dedica el 46'8% de la renta a pagar su vivienda, que la población más joven no puede elegir vivir su propia vida al carecer del dinero que financia un hogar, que un español sólo parece sentirse seguro en casa si la posee en propiedad (el 86% de las viviendas son propias) y que, sólo en el último año, el precio de la vivienda creció en España algo más del 15%. Un cortocircuito liberal en toda regla. Recuerden que el ideal de los actuales gobiernos español y valenciano señala la necesidad de que cada ciudadano construya su propio proyecto responsable de vida, a ser posible en familia. Pero las circunstancias son tercas y España está a la cabeza de Europa en los problemas para edificar nuevos hogares, no habiendo claros síntomas de mejoría. Datos y análisis recientes muestran el reflejo de todo esto en la provincia de Valencia. Los movimientos geográficos de la población son también elecciones.

Gente (relativamente) acomodada de todas las edades elige dejar Valencia capital para situar su hogar en lugares más saludables. Mientras, la población joven menos, poco o nada acomodada elige abandonar Valencia para vivir en otros municipios porque no se puede financiar vivir en su propia ciudad. Los huecos que este éxodo forzoso de jóvenes deja son ocupados por la emigración nada acomodada que llega de otros países.

Los actuales, nuevos y posiblemente futuros residentes en la CV tienen muy desiguales libertades de elección residencial. Las consecuencias políticas para Europa, España y la CV son potencialmente nefastas. Es difícil que el sentido de pertenencia al lugar donde se reside de nuevo o temporalmente sustituya el sentido de pertenencia de la población autóctona en Munich, Madrid o Valencia. La potencial conciencia colectiva territorial se dispersa entre el lugar donde uno nace, trabaja, se divierte o retira. El sitio en que se sitúa una vivienda pasa a ser un contenedor instrumental del que sólo ocuparse cuando su falta de funcionalidad empeora el rendimiento del hogar. Este proceso debilita la democracia política en Europa. Pero en la CV podríamos ser paradójicamente capaces de alojar a nuevos residentes procedentes de culturas distantes en un club distinguido o en un barrio que ya pinta como un guetto al mismo tiempo que desalojamos de nuestras ciudades a gran parte de los jóvenes y los invitamos a vivir en un dormitorio. Mucho tiene que compensar en salud familiar de europeos acomodados, en pedazos de tierra de promisión para los emigrantes y en ingresos y empleo del sector constructor valenciano para que las cosas sigan exactamente igual de mal que hasta ahora.

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