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Publicat el 17 - 11 - 2002 a Diari Levante - EMV
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Miseria pública, opulencia privada

Manuel Pérez Montiel

Universitat Politècnica de València

El titulo de este articulo es viejo, muy viejo. Lo he sacado – más bien copiado, para que vamos a engañarnos- de un texto de los años 50, creo recordar, de un economista americano, Galbraith. Este economista se fijaba en el contraste de los lujosos coches que circulaban por los barrios míseros de Nueva York. Los lujosos coches eran propiedad de alguno de los habitantes del barrio. De ahí su comentario.

Salvando las distancias en el tiempo y en el espacio, el titulo bien puede servir para describir la situación real de nuestra sociedad: La existencia de un fuerte contraste entre nuestra opulencia particular –la de un importante número de nuestros conciudadanos- y la miseria general de los bienes y servicios públicos que disponemos y usamos todos. Bueno, si miseria pública les parecen palabras excesivamente fuertes o desafortunadas, la lamentable situación de nuestros servicios públicos la podrían calificar de ¿pobreza?, ¿Insuficiencia de bienes públicos? ¿Escasez puntual de ciertos servicios necesarios? ¿Desajuste temporal presupuestario?,. En todo caso, sólo pretendo destacar que somos más ricos –más opulentos- en los bienes que son privativos nuestros, que en los bienes y servicios públicos que, necesariamente, tenemos que disfrutar en común. Y que esta situación reduce nuestro bienestar global. En lugar de apoyar mis puntos de vista con grandes cifras, prefiero hacerlo con comentarios cotidianos, casi domésticos.

Por ejemplo, es muy probable que usted sea propietario de un piso. Su opulencia privada es, en gran medida, resultado de la satisfacción y de los servicios que le da su piso. Pero es probable que tenga dificultades para aparcar cómodamente al llegar a casa, por lo que soporta la escasez (es decir, la pobreza) o la ausencia (es decir, la miseria) de aparcamientos públicos. Su coche, -porque es casi seguro que usted tiene coche- le puede haber costado 2 o 3 millones de pesetas, y a pesar de que puede correr mucho, apenas puede circular por Valencia a más de 30 o 40 Km/hora de media, si es que llega. Su opulento coche se ve obligado a compartir con otros opulentos coches, unas calles estrechas y mal asfaltadas o unas carreteras insuficientes y colapsadas. Y eso, todos los días, cuando usted va a trabajar o de compras. Otra vez su opulencia privada choca con la miseria pública: tenemos coches pero no carreteras, ni calles, ni plazas de aparcamiento suficientes... ¿Cuántas horas innecesarias pasa usted dentro de su coche cada día, contaminando a sus conciudadanos, colapsando la circulación y, lo que es más importante para usted, perdiendo su tiempo ? ¿Y cuanto tiempo ganaría si dispusiéramos de buenas y suficientes infraestructuras viarias?

Usted y su familia tienen especial cuidado en la higiene personal: ropa limpia, ducha o baño, casa confortable, cuidados médicos... Bien, en cuanto sale a la calle, se ve obligado a respirar cualquier cosa, incluido el humo de su propio coche. Si va a la playa, es posible que se bañe en... bueno, mejor no mire la acequia de al lado, ya sabe lo que trae y echa al mar. Usted se preocupa por sus hijos, sobre todo si son pequeños. Pero no se le ocurre que puedan ir a la calle a jugar, es literalmente imposible en las ciudades.

En fin, con estos ejemplos, que pienso son ilustrativos del titulo del articulo, tan sólo pretendo poner de manifiesto dos cosas: En primer lugar, que la opulencia y el bienestar de la sociedad, es decir, de sus ciudadanos, requiere que la dotación de bienes y servicios públicos debe de ser, en nuestro caso, mucho mayor de la que es en la actualidad. Y en segundo lugar, que por muchos bienes privados que poseamos –nuestra opulencia particular- estos valen muy poco si no tenemos a nuestra disposición los bienes públicos suficientes. Y mientras la sociedad –usted y yo incluidos- no empiece a primar la producción y puesta en servicio de un mayor volumen de bienes y servicios públicos, una gran parte de nuestra riqueza privada se perderá por la falta de esos servicios públicos.

Una pregunta final ¿Podría usted ir cómoda y rápidamente a su trabajo empleando el transporte público en lugar de emplear su propio vehículo?

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